Te cuento.
Va de madera, de fábricas y de por qué la gente que no aprende
acaba haciendo siempre el trabajo que nadie quiere.
También delante de un teclado.
Recuerdo esto cada verano,
mientras sudo dándole a la tecla.
Desde que tenía trece años,
y hasta que fui mayor de edad,
cuando terminaba el curso decía:
-Aita, yo no quiero seguir estudiando.
-Sin problema, vas a la fábrica, trabajas y te sacas unas pelas.
El mes de julio me pasaba un mes fuera de casa
en Inglaterra o Alemania
iba a estudiar el idioma en casa de alguna familia.
El siguiente mes y medio,
y antes de los 15 días que me dejaban estar
tranquilo y disfrutando del verano,
antes de la vuelta a clase en septiembre,
lo pasaba en algún taller de mi padre.
Trabajaba mis ocho horas como cualquier otro trabajador.
Nada de favoritismos. Nada de soy el hijo del jefe.
De hecho si había que hacer trabajos pesados o repetitivos
estaban reservados para mí.
Hay un trabajo que recuerdo con especial odio.
Pasaba un mes metiendo tiras de Sapelly
en una máquina.
Si no lo sabes, Sapelly es un tipo de madera.
Para mi siempre fue el color de las puertas
de la casa de cualquier abuela.
No puede haber un color más feo y pasado de moda.
Algunas veces metiendo las tiras,
otras veces recogiendo las tiras del otro extremo
de la máquina.
Sapelly, sapelly…
Sapelly, sapelly…
Ocho jodidas horas metiendo tiras de Sapelly.
Dándole vueltas al coco.
Sapelly, sapelly…
Sapelly, sapelly…
Cuando acababa el verano mi viejo decía:
-Urko, ¿Este curso qué quieres? ¿Estudiar o sapelly, sapelly?
-Estudiar Aita, estudiar.
Gracias a seguir estudiando acabé haciendo lo que de verdad me gustaba,
darle a la tecla.
Si tu también prefieres elegir y quieres aprender a darle a la tecla como Dios manda es aquí:
P.D.: En los cursos no hay Sapelly. Todo lo que aprendes lo usas esta misma tarde en tu ordenador.
